La trayectoria, cuando es prolongada, puede hacer correr cierto riesgo a un artista. Por supuesto, hablo de la repetición. Hay artistas que van escapando de a ciclos breves, como Jorge Drexler por ejemplo. Hay otros artistas que tienen ciclos más prolongados y que dentro de cada disco generan repeticiones e innovaciones. Hoy voy a hablar de este caso último. Voy a contarles un poco sobre el último disco del nunca bien ponderado Ricardo Arjona. Es difícil hablar de alguien que es parte de nosotros. Es decir, es como criticarse un poco a uno mismo. Perder la subjetividad nunca se puede, pero sí podemos tratar de ser conscientes de las falencias y aciertos incluso de aquellos a los que jamás podremos criticar plenamente. Todo aquel que lea este escrito tiene que saberlo: Arjona es parte de mi cultura (musical y no solamente) y siempre va a haber algo rescatable para mí en sus trabajos, porque cuestan mucho esfuerzo, y porque me gustan. Una vez advertida la audiencia, haciendo por tan...
Es la historia de una banda, como no hay otra igual, que me hizo comprender todo el bien, todo el mal. Decir punk rock en la Argentina es decir A77AQUE. Decir ‘ ya deja todo y vamos, vamos, mira cuánta cerveza que hay allí ’ es decir A77AQUE. Decir Arrancacorazones es decir A77AQUE. Entonces me pregunto, ¿qué estamos diciendo cuando decimos A77AQUE? ¿Rebeldía? ¿Amor de loca juventud? ¿Sueños de espadas y serpientes? A las pruebas me remito, damas y caballeros, A77AQUE es la suma de unos trapos, canciones punk que evolucionaron con los años y un poco de amor aunque no francés. Vayamos a los antecedentes históricos que la nueva madre natura Internet nos brinda. Ataque 77 nace en 1987. Era un grupo de amigos que se juntaban a tocar canciones de los Ramones. Muchos de sus iniciales integrantes –ya que ha cambiado su formación varias veces- pertenecieron a la banda Cabeza de Navaja. El nombre, Ataque 77, es en honor al m ovimiento punk inglés de los años 70. Su primer disco oficial (el nun...
Ese momento del domingo a la tarde, cuando ya leíste el cuento de Dorfman que te propone Página|12; cuando ya te tomaste el aletargado vaso de cerveza que aún estaba frío, de milagro; cuando ya fuiste al supermercado, justo antes de comerte la picada dominguera, símbolo de las pocas ganas de cocinar como dios manda que atacan siempre en el primer día de la semana (o el último, quién sabe); cuando tenés que elegir un nuevo libro para leer porque el que le regalaste a tu vieja para el cumpleaños la semana anterior ya te lo devoraste; cuando no hay nadie conectado en ninguna red social (otro evento extraño en el mundo hiperconectado en que vivimos: el domingo es aún intocable); cuando estás entre ver otro capítulo de alguna serie que dejaste olvidada en alguna temporada remota o mirar una película que ya viste ochenta veces pero que igual te convoca a sentarte esas dos horas frente a la pantalla, con el mate y algo dulce para picar. Ese momento del domingo. Es el único en el que se puede...
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