Axi bochi, tambor eaeaea chiqui chiqui la.
Lunes a la noche. Calor, cansancio y dolor de piernas. Después de recorrerme todos los supermercados chinos (básicos, ácidos, anfóteros, tuneados), no pude encontrar las benditas Gaona Star que le había prometido a Porthos. Decidí comprar una imitación de mis bienamadas galletitas, lo cual, más tarde me daría cuenta, fue un gravísimo error. Encima la bolsa estaba rota. Así que recapitulemos: Dolor de piernas, calor, cansancio, un bolso lleno de cosas, y dos paquetes de galletitas en una bolsa rota. Así me encontraba, esperando al 168 mientras me preguntaba cómo podía ser que nunca nadie hubiese establecido una ley física que vinculara la tardanza del bondi con el apuro que uno tiene por llegar y la turbiedad de la zona en la que se baja. Empecé a darle forma en mi mente, incluso a emocionarme porque por fin se iba a cumplir el sueño de mi vida: un factor multiplicativo con mi nombre, cuando justo llegó. Y por supuesto iba, como suele decirse en mi país, hasta las manos. Las manos estri...