Porque se escucha
A las palabras no se las lleva el viento. Nuestra Presidenta lo sabe. Y por eso sus discursos no sólo parecen estar medidos con esa precisión y profesionalidad de los antiguos oradores sino que parecen incluso pensamientos que se hilvanan solos, de forma natural. Tantos recursos para poder decir algo y que llegue, que se entienda, que nos aflijan a veces o nos den alegría. Cristina lo sabe, las palabras tienen filo, atraviesan, interpelan, con sus tonos y sus pausas y sus énfasis y sus refracciones. Ahora, mientras escribo, ella habla desde Rosario y sus palabras me llaman, me convocan a escribir, a fijarlas. El humor ácido, el humor realista sobre la situación de los jueces hoy en este país es una muestra mínima pero brillante, sinecdóquica de su habilidad y por sobre todas las cosas de la fuerza del discurso. Esas palabras que se desmenuzan, que se destrozan o tergiversan (porque tienen poder, porque construyen verdad), que se reproducen en miles de redes sociales, se recortan,...