Yo vengo a ofrecer mi corazón
Eso. Esa foto, ese momento en que después de besar mi estampita del Chiqui Romero, salí corriendo a abrazar a mi vieja. Ese momento en el que la ilusión que nos animaba se vuelve historia, vence la estadística y crea futuro, rompiendo con el destino. Hambre de gloria. Hace mucho que tenemos hambre de gloria. Somos FINALISTAS. Vamos a una final del mundo después de tanto tiempo, de tanta esperanza que se frustraba, de tanto sufrimiento. Porque así somos: primero hay que saber sufrir. Y ahora, el corazón late a mil pero de felicidad (porque antes latía de nervios). Felicidad es esto que sentimos ahora. Es cada chiste que circula por whatsapp. Es cada foto que saldrá publicada mañana en cada portada de diario. Es poder sacarle la lengua al pasado y reivindicarnos. Es cada atajada de Romero la noche de hoy. Es el bombazo de Garay y el llanto de Mascherano, que es un león. La felicidad que el fútbol el da al pueblo, después de haber andado tanto, haber corrido todo. La Nación había sac...