Juliana, qué mala eres
Querida J.: Hoy te escribo por esta vía, en este blog que no conocés, porque no me dejás otra opción. El primer día que te vi tenías puestos jeans, una musculosa rosa y encima una camisita blanca. El pelo suelto y despeinado y un pañuelo atado como vincha. Te acomodabas los anteojos con ansiedad y en un momento de la clase nos miramos con simpatía. Nunca más me miraste así. Las primeras clases pasaste horas mirándome con curiosidad y cuando te enteraste dónde milito, hasta te animaste a hacerme un comentario para dejar en claro con quién estabas. Ese día fue mágico. Yo le mandaba mensajes a G. quejándome de las gorileadas que estaba escuchando y vos me miraste y no te importó el pasillo que nos separaba, me susurraste en voz alta (todavía me sorprende tu habilidad) que eso que estaba pasando era un pijazo. Yo no reaccioné a tiempo y perdí una oportunidad única. ¿Fue eso lo que te hizo enojar? Desde entonces traté de hablarte mil veces, en la clase y en el colectivo. ...