Capítulo II de un amor que es más fuerte: loving goes by haps.
Lunes otra vez sobre la ciudad. Suena el despertador, lo apago y apoyo mi cabeza sobre la almohada. Media hora más tarde, mis ojos se abren apurados y, sin haber salido todavía de la cama, pienso que la semana ya está arruinada y que es mejor renunciar y tirarse por el balcón o fingir enfermedad. No hago ninguna de las dos cosas, torpemente corro al baño (que está ocupado), y de vuelta a la habitación. Me pongo la ropa tropezándome y finalmente accedo al baño tan sólo diez minutos antes de la hora de partida. Hago lo que puedo. Bajo a la cocina corriendo, trago tres galletitas, arrojo medio vaso de agua adentro de mi boca y ya estoy saliendo. Camino las nueve cuadras que me separan de mi clase de semiología pensando cómo asesinar a todos de un tiro. No se me ocurre nada. Llego y el docente -que ya es de público conocimiento- ya está en el aula (con ropa igual aunque de distinto color), pero está sentado y leyendo un libro. Miro mi reloj: faltaban dos minutos para las nueve. Me arrojo e...