Sexy tips para ser (quizás) el hombre de mi vida, o para ser sencilla y declaradamente sensual
Visto y considerando que casi la mayoría de la gente (fuentes confiables estiman que es el 82.26% de la población mundial) no se puede resistir a mi cabellera dorada, mi voluptuosidad, mi risa despreocupada, mis uñas coloridas y mis mejillas pecosas, aquí les (bailo yo) dejo los consejos que deben seguir para seducirme. Advertencia al lector: es muy imposible seducirme, si no cumplen con al menos tres de las condiciones enumeradas a continuación, no malgasten mi tiempo, vayan a otro perro con ese hueso. 1) Ser Matt Smith (arriba -Mattie, en serio, no lo postergues más, LLAMÁME-), Alex Kapranos, David Tennant, Christopher Eccleston, Iain Glen, Julio Chávez, Noel Fielding, Julian Barratt, Richard Ayoade, Matt Berry, Peter Serafinowicz, Chris O' Dowd, Luis Machín, David Mitchell, Graham Chapman (RIP), el Doctor, Obi-Wan Kenobi, Adam Green, Gustavo Cerati, Dee Plume, Milla Jovovich (¿por qué no?), Catherine Tate, James Spader, Mr. Darcy, Brian Griffin, Matthew Holness, Juan Carlos Bodo...

Si ustedes lo permiten,
ResponderEliminarprefiero seguir viviendo.
Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:
siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.
Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor
y miedo y apremio.
Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.
Me averguenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,
un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.
Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin
darme cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a
cualquiera o aburrir de golpe.
Mis errores han sido olvidados definitivamente; mi
memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.
El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado
para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algun día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la
Cenicienta, aunque algunos
me recuerden con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.
No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.
La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.
Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:
sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.
Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no
sirve y se corrompe.
Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.
Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida
Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.
Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme
Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.