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El fútbol después del fútbol

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El amor después del amor se parece a este rayo de sol, decía Fito. ¿A qué se parece el fútbol después del fútbol? ¿Cómo se explica esa falta tan repentina pero a su vez  tan esperada (o al menos anticipada) del Mundial? Casi campeones. Nos sobraron cinco minutos, dijo Mascherano. Después lloró, un poco de frustración supongo, otro poco por sentirse derrotado (lo que no es así), y otro poco por saber que se fue su último tren para ser campeón del mundo. Aunque de más esté decir que es el campeón de la gente. El fútbol después del fútbol trajo una tormenta torrencial en la capital de nuestro país, y una humedad y una  sensación de calor como se debe sentir en algunas ciudades de Brasil, que por unos días parecía quedar muy cerca. Incluso cuando algunos de sus hinchas se hayan vestido como Deutsche. Dios, que es argentino, lloró después del fútbol. Después de haber visto brillar a nuestros astros en las canchas cariocas. Lo más cerca que estarán de nosotros, antes de volver a su...

The magic that you do

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No estamos de vacaciones pero falta sólo una semana. Quizá la más enloquecedora para los que transpiramos el mundo docente. Pero una al fin. Y entonces empezamos a sentirnos un poco más dentro de ese clima vacacional. Empezamos a volver a las películas pochocleras para relajar un jueves a la noche después de volver cansados a casa. Empezamos a pensar qué libro retomar o comenzar a leer. Empezamos a armar planes (imposibles, muchas veces) más ambiciosos que requieran horas de sueño disponibles al día siguiente. Empezamos. Y así fue que anoche llegué a Harry Potter (porque nadie dice que los regresos sean siempre triunfales). Y volví a la sexta entrega de la saga. Una película oscura, producto de David Yates, que ya había oscurecido la historia a partir de la película cinco. Todos los colores se vuelven neutros, quizá porque así lo amerita la historia, después de todo, prima un poco la tristeza, la preocupación por un destino peligroso (siempre lo fue y siempre lo supimos, pero en la ad...

Yo vengo a ofrecer mi corazón

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Eso. Esa foto, ese momento en que después de besar mi estampita del Chiqui Romero, salí corriendo a abrazar a mi vieja. Ese momento en el que la ilusión que nos animaba se vuelve historia, vence la estadística y crea futuro, rompiendo con el destino. Hambre de gloria. Hace mucho que tenemos hambre de gloria. Somos FINALISTAS. Vamos a una final del mundo después de tanto tiempo, de tanta esperanza que se frustraba, de tanto sufrimiento. Porque así somos: primero hay que saber sufrir. Y ahora, el corazón late a mil pero de felicidad (porque antes latía de nervios). Felicidad es esto que sentimos ahora. Es cada chiste que circula por whatsapp. Es cada foto que saldrá publicada mañana en cada portada de diario. Es poder sacarle la lengua al pasado y reivindicarnos. Es cada atajada de Romero la noche de hoy. Es el bombazo de Garay y el llanto de Mascherano, que es un león. La felicidad que el fútbol el da al pueblo, después de haber andado tanto, haber corrido todo. La Nación había sac...

El Mundial y sus días

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Cuando los jugadores dicen que no saben bien qué decir, ahí, en ese momento en que los periodistas deportivos que están en el campo los abordan para hacerles preguntas sin mucho sentido, tienen razón. ¿Qué se dice ante semejante panorama, esto es, 24 años sin llegar a semifinales? ¿Qué se dice cuando aún no se ha procesado la alegría (si es que debe procesarse) y es tan sólo ese sentimiento salvaje y puro, que desborda cualquier atisbo de razonamiento? Demichelis dijo "no te puedo hacer un análisis del partido" y en lugar de eso, nos compartió un sentimiento. Es difícil hablar también para aquellos que después de unas horas seguimos emocionados con la garra de los ticos ante la naranja mecánica, pensada invencible. Entonces, ante esos momentos en que no podemos hablar (porque a veces simplemente no se puede); ante esos momentos en que hasta las palabras de un relator nos emocionan; ante esos momentos en que sólo queremos ver la sonrisa del goleador del día o las lágrimas del...

Esos cinco minutos te hacen florecer

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Primero lo primero: cómo me gusta el Mundial. Es así de simple, y sin embargo, tan complejo. Las contradicciones de querer algo que tiene a su alrededor miles de complicaciones. Las contradicciones de querer algo que así como aviva la más linda de las pasiones, también envuelve oscuros pecados, pero que nada tienen que ver ni con Dios ni con las absoluciones de hombres presuntuosos con cruces en sus pechos, mas no en sus hechos. Así como lo fácil dura poco, también podemos decir que lo complejo es más difícil de desarmar. Será que como no es cosa simple, el viento no puede llevársela. Y por esa razón, seguimos el minuto a minuto de países que ni siquiera podemos ubicar certeramente en un mapa. Países que poco nos importan en el día a día de nuestras cosas más cotidianas. Pero igualmente nos emocionamos si los vemos sudar la camiseta, la única tal vez, como en el caso de Irán, incluso ante un insulso 0-0 contra Nigeria. Eso es un poco el fútbol mundialista (pienso en el viejo con árbol...

Otro eslabón del pedigrí

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La trayectoria, cuando es prolongada, puede hacer correr cierto riesgo a un artista. Por supuesto, hablo de la repetición. Hay artistas que van escapando de a ciclos breves, como Jorge Drexler por ejemplo. Hay otros artistas que tienen ciclos más prolongados y que dentro de cada disco generan repeticiones e innovaciones. Hoy voy a hablar de este caso último. Voy a contarles un poco sobre el último disco del nunca bien ponderado Ricardo Arjona. Es difícil hablar de alguien que es parte de nosotros. Es decir, es como criticarse un poco a uno mismo. Perder la subjetividad nunca se puede, pero sí podemos tratar de ser conscientes de las falencias y aciertos incluso de aquellos a los que jamás podremos criticar plenamente. Todo aquel que lea este escrito tiene que saberlo: Arjona es parte de mi cultura (musical y no solamente) y siempre va a haber algo rescatable para mí en sus trabajos, porque cuestan mucho esfuerzo, y porque me gustan. Una vez advertida la audiencia, haciendo por tan...

Sino el espanto

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La violencia en/de las series estadounidenses no me sorprende. Hace tiempo que veo series policiales y que los asesinos suelen ser psicópatas, e incluso los justicieros. No me sorprende el juego del perseguidor perseguido ni del que cruza la línea entre el bien y el mal. Jamás es sólo una cuestión de contenidos cuando hablamos de un producto fílmico. El menosprecio por la forma y los adjetivos que califican a esas formas nos lleva a no entender verdaderamente el éxito de ciertas series o programas y el fracaso de otros. La forma obviamente tampoco lo es todo (porque no es suficiente) pero el peso sin duda es fundamental, decisivo. True detective , serie de la que ya hablé, no era sólo una buena historia (de hecho, era bastante básica). Pero la estética del programa (además de los brillantes actores y sobre todo su tino para el papel) decidió convertir esos ocho capítulos en la serie del año, cuando estamos en abril. La violencia era parte de esa serie, como lo es de tantas otras: viol...