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Teenage wasteland

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¿Cómo enfrentamos lo que nos aterra? O peor aún, qué hacer frente a lo desconocido. Las películas de terror y de suspenso todo el tiempo nos ponen cara a cara con aquellos miedos que todos ya conocemos (aunque no todos los hemos vivido): el asesino que se cuela en nuestras casas una callada noche de invierno, el ser extraño que ronda los alrededores suburbanos y que siempre encuentra al viajero solitario en medio de la noche, los ruidos extraños que vienen de atras de puertas donde se supone no hay nada, la sombra y la respiración que parece seguirnos por calles inhóspitas (aún peor para las chicas, que evocan otros miedos). Qué hacer con ese monstruo que podría estar oculto en la habitación en penumbras. Nos da miedo la oscuridad, nos da miedo la soledad, la noche, la casa vacía, el barrio desértico, el pueblo donde nunca pasa nada (realidad tan abstracta para los citadinos como yo, tan de ciencia ficción como cualquier novela). Qué hacen las personas solas en estas situaciones. Y no...

El aguante

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En el hall central del colegio secundario al que fui había placas conmemorativas de los cientos de chicos desaparecidos. Una en particular siempre me impactó (o mejor dicho, me impactó de una vez y para siempre). Era pequeña, apenas un puñado de nombres. Espejada. Ibas leyendo los nombres y probablemente no le prestaras atención a tu propia mirada reflejada. Hasta que la última línea decía "así se veían". Y sólo te quedabas con tus propios ojos, a la misma edad de muchos de los que habían sido secuestrados hace ya hoy 40 años. Imposible no identificarse, aunque ahora mismo sólo recuerde un nombre de los que aparecían (vaya palabra) en esa placa. Imposible no sentir en carne propia esa ausencia, esas muertes. Necesitar incluso saber de ellos, qué hacían, qué les gustaba, cómo se veían. De alguna manera entender por qué ellos (o si podría pasarnos a nosotros, o de si haber estado vivos en los 70 y en ese mismo colegio podríamos haber sido nosotros). Más allá de lo que me hubie...

¿Yo qué soy?

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¿Cómo construímos nuestra propia identidad? No es un proceso solitario ni individual, incluso cuando pensemos que hay cosas personales, familiares, que sólo nos atañen a nosotros mismos. Somos parte de un conjunto social, de un momento histórico, de un país y su trayectoria. Venimos a insertarnos en una historia familiar y social que ya está en plena marcha para cuando nacemos. Uno de los derechos primordiales es aquel que nos permite entender quiénes somos. Pero existen casos en donde no es tan sencillo llegar a saber cuál es nuestro apellido, quiénes fueron nuestros padres o siquiera dónde están. Esta es un poco la historia de Ida, la falta de historia, la frágil memoria que quiso ser destruida...pero al final siempre hay algo que emerge.  Ida es una novicia a punto de tomar sus votos. Poco antes de esa ceremonia, conoce a su tía -ella, que siempre fue huérfana y se crió como tal en un convento católico de la Polonia de los 60- una ex procuradora del partido, que luchó por l...

Got a ticket for my destination

Los viajes siempre nos hacen comparar cosas. Para bien o para mal o para niguno de los dos lados. Comparamos nuestras vidas con las de las personas que viven en el nuevo destino; comparamos los tiempos, los ritmos, los colores; comparamos las rutinas y los lugares. Un poco nos queremos correr de nuestro propio mundo y un poco ponemos ese mundo en el centro, como el parangón o la vara que nos permite, efectivamente, comparar. Pero es que no podemos sacarnos ese universo propio, ese "belonging" de nuestros hombros, de nuestras mentes y de nuestro corazón incluso. Es parte de nosotros. Así llega esa comparación que no sólo es un mero placer de observador sino que a veces nos lleva a preguntarnos "¿me gusta más o menos que lo que pasa en casa?". Tampoco sé si eso es malo. Sólo digo que a veces pasa.  Vuelvo de un viaje a otro país. Son los viajes que menos he realizado en mi vida. Y uno de los pocos a un lugar donde no hablan mi idioma, aunque sean lenguas emparent...

Love in the dark

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Los detectives de las series -sobre todo las inglesas y estadounidenses- tienen otros dilemas en la vida si uno los compara con las personas comunes y corrientes. Quizá en esa pérdida de realidad reside su atracción: elevamos los casos por encima de lo que normalmente uno se entera que la policía resuelve (o propicia) y entonces debemos también elevar el nivel de los inspectores que protagonizan las historias. El caso más extremo será el de Sherlock Holmes, probablemente, sobre todo el reciente de Benedict Cumberbatch. Pero no es el único. Estos personajes tienen una inteligencia fuera de serie, tan por encima que las relaciones con otras personas se dificulta. La vida social de todos ellos, ante nuestros ojos, es deficitaria y disfuncional. Por momentos, uno envidia esa suprema astucia y empatía con el mundo del crimen que los lleva a la gloria de atrapar al malvado villano, incluso pasando por penurias personales y dilemas morales difíciles de afrontar. Los villanos de Sherlock son ...

Los gatos como yo caen de pie

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Años desde la última entrada. Y sin embargo, hay cosas que nunca terminan. Como esos personajes memorables que, pese a sus remakes  y los años, no envejecen o no mueren. Uno vuelve a ellos, como referencia, como memoria, como punto de partida. Y así volvemos también aquí. Un blog escrito por mujeres, hablando de una mujer. O de muchas en una sola.  Catwoman. Haber hubo varias. La última de ellas interpretada por la bella Anne Hathaway hace no tanto, en 2012, en lo que ha sido la más oscura de todas las sagas de Batman, dirigidas, claro está, por Christopher Nolan. En otra ocasión, y en boca de otra Catwoman , Halle Berry dijo que al interpretar el personaje se sintió confiada, poderosa y sexy, una "mujer empoderada". Más allá de las malas reseñas que recibió, un punto tiene la bella ex chica Bond -personaje raramente empoderado.  Para muchos, Gatúbela (volviendo al nombre hispano y que remite a mi infancia de manera más fiel) es y será siempre la e...

El fútbol después del fútbol

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El amor después del amor se parece a este rayo de sol, decía Fito. ¿A qué se parece el fútbol después del fútbol? ¿Cómo se explica esa falta tan repentina pero a su vez  tan esperada (o al menos anticipada) del Mundial? Casi campeones. Nos sobraron cinco minutos, dijo Mascherano. Después lloró, un poco de frustración supongo, otro poco por sentirse derrotado (lo que no es así), y otro poco por saber que se fue su último tren para ser campeón del mundo. Aunque de más esté decir que es el campeón de la gente. El fútbol después del fútbol trajo una tormenta torrencial en la capital de nuestro país, y una humedad y una  sensación de calor como se debe sentir en algunas ciudades de Brasil, que por unos días parecía quedar muy cerca. Incluso cuando algunos de sus hinchas se hayan vestido como Deutsche. Dios, que es argentino, lloró después del fútbol. Después de haber visto brillar a nuestros astros en las canchas cariocas. Lo más cerca que estarán de nosotros, antes de volver a su...